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Parejas en Cuba: más allá de los papeles (I)

Un claxon incesante, ensordecedor, rompe la quietud del atardecer. Las cabezas de muchos vecinos se asoman a ventanas y puertas preguntándose si se trata de un incendio, de una ambulancia o si es un patrullero pidiendo vía.  Felizmente, el sobresalto se les vuelve sonrisa al divisar, avenida abajo, el flotante velo de la novia sobre el carro descapotable.

Esta escena, bastante común en los 70 y aún en los 80, cada vez resulta menos frecuente en las calles de la Isla, y no porque a los cubanos les interese poco vivir en pareja. El último Censo de Población y Vivienda, del año 2002, reportó que casi el 64 por ciento de la población adulta vivía en pareja –casada o unida-,  pero ello no es sinónimo de que prevalezcan las uniones formales, con velo flotante incluido en ocasiones. Sigue leyendo

Unos diez cubanos se han operado para cambiar de sexo

Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), declaró ayer en el programa Pasaje a lo desconocido, de la televisión cubana, que “son casi diez” las cirugías de cambio de sexo realizadas en la Isla.

A propósito de la exhibición de la segunda parte del documental “Tabú”, sobre operaciones para el cambio de sexo que tienen lugar en Tailandia, Castro Espín respondió numerosas preguntas acerca de este tema en Cuba, y fue categórica al contestar sobre por qué son gratuitas estas intervenciones en la mayor de las Antillas: “Para beneficiarse de los servicios de salud no hay que estar enfermo; y este beneficio especializado responde a  los estudios que hace más de 60 años se han hecho en el campo de la medicina en relación con los tratamientos que debe recibir una persona que vive esa contradicción.”

Luego de ejemplificar con el caso de un hombre al que le nacieran protuberantes mamas o el de una mujer a la que le nacieran un pene y testículos, apuntando que ambos acudirían de inmediato a un médico, como igual hacen aquellos quienes sienten que llevan genitales equivocados, la especialista subrayó que la solución para tales casos es ajustar su cuerpo a su mente, y no a la inversa, incluso con terapias agresivas como en el pasado se intentó practicar.

Instada por el conductor Reinaldo Taladrid, aclaró que no estaba hablando de una enfermedad. “No, esa persona está viviendo una contradicción generada por la cultura, por los tabú. La operación de cambio de sexo no es un capricho, es una necesidad de esas personas. Por tanto, le llamamos Cirugía de adecuación genital, para que adecuen sus genitales a su identidad de género. El origen no se ha determinado, pero sí que lo que compensa todos esos sufrimientos es el tratamiento quirúrgico.”

Hasta ahora, todas las operaciones hechas en la Isla han sido para cambiar de hombre a mujer, precisó la directora del CENESEX, quien abundó en el rigor científico que distingue a dichas cirugías, donde intervienen muy diversos especialistas como urólogos, ginecólogos, endocrinólogos, psicólogos y psiquiatras, entre otros.

Respondió que se hacía difícil calcular el costo de tales intervenciones, pero que era conveniente considerar la relación costo-beneficio como sucede con las campañas de bien público para prevenir el VIH o el cáncer de pulmón. Son muy costosas, dijo,  pero más lo es tratar a las personas ya aquejadas de esos padecimientos, y aun lo es más el sufrimiento humano que esas enfermedades provocan.

A la interrogante de si los sometidos a estas operaciones podían sentir placer en el acto sexual, la especialista contestó afirmativamente detallando sobre las microcirugías de que son objeto.

Sobre el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo, Castro Espín reflexionó que “si estamos en una sociedad en un proceso de transición socialista donde se persigue como objetivo principal la emancipación del ser humano y eliminar todo tipo de injusticia social, tenemos que revisar leyes y normativas en las que pueda quedar cualquier tipo de discriminación; y todavía queda. Se cometen grandes injusticias con las personas homosexuales”, afirmó.

A propósito, aclaró: “No estamos abogando por el matrimonio, por respeto a esa categoría histórica exclusiva de la heterosexualidad, abogamos porque se respeten los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo.” Más adelante agregó que “la  verdadera igualdad es cuando tanto en la ley como en las relaciones sociales cotidianas se respetan los derechos de todas las personas a tener las mismas oportunidades.”

Sobre los prejuicios que condicionan tales desigualdades, exhortó a “analizar el origen de esos patrones que parametran a las personas en lo que pueden o no ser”, y al respecto mencionó ocupaciones como las de militar, dirigente del Partido o pedagogo. “Yo creo que en nuestro país cuando haya un presidente homosexual o transexual, entonces podremos decir que ya no hay esos prejuicios”, sentenció.

Como conclusión se declaró optimista: “No hemos tenido referencias de crímenes de odio por ser homosexual o lesbiana. Que sea tan difícil encontrar esos crímenes en Cuba implica que estos 50 años han servido para instituir valores humanos, y quiere decir que la Revolución ha hecho un trabajo muy importante y ha dejado su impronta humana en cada uno de nosotros. Yo soy optimista y veo un futuro muy humano y solidario desde el conocimiento y desde la cultura.”