Magnolias y carcañales en el 493 aniversario de mi ciudad

Nada tienen que ver las magnolias y el carcañal, como, supuestamente, tampoco lo tienen los cascos portados por los motociclistas y los desechos sólidos, las basuras que inundan mi ciudad.

Sin embargo, un razonamiento no demasiado complejo pudiera enlazar unos y otras, cascos y basuras, para encontrar al menos una explicación a por qué detritus de la más diversa índole nos rodean y asedian, como las penas del bolero cuya música compuso Sindo Garay, que son tantas que se atropellan y de matarme tratan.

En las esquinas, en los parques y aceras nos asechan desde escombros hasta restos de vidrieras, desde disecados ramos de flores hasta la vieja papelería de una oficina, cáscaras malolientes, cartas de amor y de agrio desamor, pañales desechables -y desechados- llevando el recuerdo de las primeras digestiones del bebé… todo resto inimaginable del acontecer humano, que bien útil podría ser para reconstruir cómo se vive hoy en Cuba, tal como en la actualidad hacen los antropólogos con el contenido de las añejas letrinas de casas coloniales.

Es fácil constatar que todos los motociclistas y sus “copilotas”, llevan bien protegida la cabeza con los correspondientes cascos, que, aunque caros, y variopintos, a veces hasta para mover a risa, nunca se olvidan. No se adscriben a “pelo suelto y carretera” porque saben que apenas podrían sortear unos pocos kilómetros sin que un policía les detuviera para imponerles la consabida multa por violar no sé cuál artículo del código de vialidad y tránsito que obliga a llevar casco.

Sin embargo, aunque abundan los artículos, las contravenciones y quién sabe cuántos otros soportes legales referidos a la higiene comunal, parecen permanecer en hibernación, acogidos al sueño eterno de una Bella Durmiente tropical y salsera.

No hablo ya de educación o de un respeto al prójimo que debería estar latente. Como lamentablemente no sucede así,  y no hay multa que lo haga nacer del corazón,  abogo por el mero cumplimiento de la ley y lo que debería hacerse para que sea respetada.

Si con el mismo rigor con que se demanda a los conductores de motos cumplir con lo establecido en cuanto al uso del casco, se le exigiera a la ciudadanía toda atenerse a lo dictado en cuanto a los desechos sólidos y la higiene del entorno, tal vez la cosa sería diferente.

Echar mano a los talonarios de multa pudiera ser una alternativa; porque  “la cosa” sigue ahí, creciendo y apestando ante la desidia y la indisciplina de todos.

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2 pensamientos en “Magnolias y carcañales en el 493 aniversario de mi ciudad

  1. avatarNorma

    Tienes toda la razón, te dejo algo que escribí con motivo del cumple de la habana para la consideración de todos, disculpen lo extenso.

    Amar, preservar, recuperar, salvar…a La Habana
    Norma Ferrás Pérez

    Habana, mi Habana
    Si bastara una canción
    Para devolverte todo
    Lo que el tiempo te quitó.
    Habana, mi Habana
    Si supieras el dolor
    Que siento cuando te canto
    Y no entiendes que es amor.

    (Fragmento de Habáname de Carlos Varela)

    Son muchos los verbos que vienen a mi mente al pensar en La Habana (http://www.ecured.cu/index.php/La_Habana) y son disímiles los sentimientos que ella despierta, como amor, dolor, alegría, tristeza, conmoción, desdén o nostalgia, ahora que llega a su 493 cumpleaños.

    Sin embargo, creo que lo más importante es descubrir como podríamos salvarla. Porque es muy común escuchar comentarios como este: “Qué fea está la ciudad, qué destruida, es la más sucia de todas las ciudades de Cuba”. Y no dejan de tener razón, pero pocas veces las personas se detienen a preguntarse: ¿Qué hacer?

    Y es cierto, hay muchas cosas que se van de nuestras manos, pero hay otras que sí podríamos evitar, como tirar basura por las calles o al mar, gritar, escuchar música a todo volumen, arrancar flores de los jardines, derrochar agua, contaminar el ambiente, fumar delante de otras personas, maltratar a los demás o destruir lo construido por otros.

    Recientemente leí una publicación del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, en la que decía: “Yo hago un llamamiento sincero, un llamamiento de corazón, a que se cuide lo que la nación hace. Y debo decir que los tiempos en que la nación lo hace todo ya no son los tiempos actuales. Ahora, todo el mundo tiene un compromiso, a partir de nuevas oportunidades, de implicarse en nuevas tareas, buscar prosperidad en nuevos negocios y actividades lícitas y al mismo tiempo contribuir a la restauración de la ciudad”.

    Para celebrar la fundación de La Habana, el 16 de noviembre de 1519, no basta con seguir la hermosa tradición de dar tres vueltas a la mítica ceiba situada en el Templete (http://www.ecured.cu/index.php/Templete_(Habana_Vieja)) y pedir los ansiados deseos. Venerar a La Habana significa amarla, cuidarla, respetarla y también, por qué no, criticarla pero solo con el afán de mejorar su situación actual.

    Sin dudas esta ciudad, otrora Villa de San Cristóbal de La Habana, tiene una larga historia, con importantes logros, que vale la pena rememorar. Posee una diversidad morfológica, con muchas edificaciones de valor histórico y monumental, con un halo de misterio y especial identidad.

    Al fundarse en 1519 sólo era una improvisada plaza, una rústica iglesia y unas cuantas chozas para vivir. En 1556 el Rey de España declaró a la villa como puerto de escala principal entre la metrópoli y sus posesiones americanas, y ordenó su fortificación para proteger a la ciudad de los ataques de corsarios y piratas. En 1592 alcanzó el título de ciudad y en 1692 el de capital del país.
    Durante los siglos XVI y XVII se construyeron obras civiles y religiosas; y otras para la defensa, a ambos lados del acceso a la bahía y a lo largo del litoral norte, y una muralla que rodeaba el recinto urbanizado. Los reyes de España la suscribieron como “Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales”.
    Los ingleses invadieron la ciudad en junio de 1762 y permaneció ocupada durante 11 meses hasta que fue canjeada por las posesiones españolas en La Florida. Por esta causa se construyeron nuevas fortalezas: La Cabaña, El Príncipe y Atarés.
    Es de destacar el período que gobernó el general Miguel Tacón, entre 1834 y 1838, el cual fue de vital importancia para la ciudad, pues surgieron paseos, avenidas ornamentadas con fuentes y esculturas, se rotularon y se pavimentaron las calles con un nuevo sistema.
    En el siglo XIX aparecieron nuevos barrios, donde se construyeron espaciosas villas, como en el Cerro, con las llamadas casas-quintas al estilo neoclásico que caracterizó la arquitectura de ese siglo.
    Luego surgieron El Carmelo y El Vedado, territorios que aportaron adelantos urbanísticos a la ciudad, donde se trasladó la clase acomodada. Paralelo a esto, nacieron otros barrios más pobres, como Centro Habana, Luyanó y Regla en los cuales se concentró la población obrera.
    Estados Unidos se apoderó del país en 1902 al instaurarse la República, período en el que ocurrió una explosión urbana que configuró casi todo el territorio de la capital. Al finalizar la década del 20 se desarrolló el estilo Art Déco, que coexistió durante dos décadas con las construcciones de tendencia ecléctica. En la primera mitad de la década del 30 surgieron nuevas edificaciones con igual estilo. Se crearon hoteles, casinos y clubes nocturnos, y la capital se convirtió en la ciudad del juego y la corrupción.
    En los años 40 las obras se despojaron de los elementos decorativos, los adornos se simplifican y se concentran en las columnas, las portadas o los balcones. La década del 50 fue el momento de mayor esplendor de la arquitectura moderna de La Habana, en la cual se conjugaron los postulados internacionales con la búsqueda en las raíces de nuestra cultura arquitectónica.
    El desarrollo urbanístico logrado hasta este momento histórico definió casi toda la arquitectura de La Habana. Después del triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959, ocurrieron importantes transformaciones económicas, políticas y sociales.
    A partir de este período la urbanización se orientó hacia construcciones que implicaran un menor costo, con el fin de tratar de resolver la necesidad de vivienda de la población, lo cual atentó contra la estética.
    Hubo un marcado incremento en cuanto al desarrollo científico y cultural. Se comenzaron a construir fundamentalmente obras para el turismo, la cultura, la investigación científica, la biotecnología, la salud y la educación, que implicaron reconocidos logros para el país.
    Años más tarde comenzó la restauración del centro histórico de la ciudad, declarado Monumento Nacional en 1976, por el gobierno cubano y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982. Esta ha estado a cargo por historiadores y arquitectos, dirigidos por la Oficina del Historiador de La Habana, Eusebio Leal, quienes han logrado rescatar gran parte de la historia de la habana antigua (http://www.ecured.cu/index.php/La_Habana_Vieja) y luchan por restaurar otros lugares emblemáticos de la ciudad, como la Universidad de La Habana (http://www.ecured.cu/index.php/Universidad_de_La_Habana) y la Necrópolis de Colón (http://www.ecured.cu/index.php/Necr%C3%B3polis_de_Col%C3%B3n).
    Vale destacar que dentro de las Siete maravillas de la ingeniería civil cubana (http://www.ecured.cu/index.php/Siete_maravillas_de_la_ingenier%C3%ADa_civil_cubana), seleccionadas por la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de Cuba (UNAICC), hay cuatro que son de La Habana: Acueducto de Albear, Túnel del Alcantarillado de La Habana, Edificio FOCSA y Túnel de La Habana.
    Aunque todo esto es solo una muestra, es suficiente para apreciar el valor histórico de esta ciudad, llena de leyendas y tradiciones, con su clima acogedor, con un inmenso mar que todos aprecian sentados en el malecón, que atesora imborrables recuerdos. Por eso, y por muchas otras razones vale la pena intentar salvar a La Habana.
    Como expresó nuestro historiador en otra de sus publicaciones: “Hoy día la situación de la ciudad mueve a una profunda preocupación. Quiere decir, La Habana muestra ya las señales, como conjunto urbano y edificado, de una gran fatiga. Hay municipios completos como 10 de Octubre, como el Cerro, como Centro Habana, gran parte de la Habana Vieja, el Vedado, donde se ven los estragos del tiempo y también de una necesidad de una política para la ciudad”.
    Y agregaba: “Yo creo que nosotros hemos trabajado, y debo decirlo con mucha modestia, –y voy a hablar aquí no a nombre de la institución sino en el mío como historiador, pero también como ciudadano nacido aquí, en esta ciudad capital– puedo decir que mi orgullo habanero es un orgullo cubano”.

    Y más adelante añadía: “¿Pero qué nos hacemos ante un ciclón, por ejemplo, tal y como están las cosas? Por eso hace falta que toda la ciudadanía coopere, y que las nuevas leyes que se tomen, las nuevas disposiciones, sean un apoyo a la iniciativa de las personas para construir y para salvar la ciudad. Y cuando digo para construir, digo para hacerlo bien, porque se van entronizando modelos de construcción lamentables. Hace falta una acción más enérgica de los que tienen que proponer esos modelos, y decir: esto se hace así, esto sería mejor así, quedaría más bonito así”.

    Así como Eusebio Leal, son muchas las personas que aman La Habana, hasta aquel que emigró alguna vez, como escribió Alejo Carpentier refiriéndose a sí mismo: “Once años de ausencia confieren, indiscutiblemente al regresar a la patria un alma de turista a quien ha estado alejado de ellas durante tanto tiempo… Se sitúa ante las cosas propias, ante aquellas que sirvieron de marco a la infancia y de complemento a los sueños de la adolescencia con ojos nuevos y espíritu virgen de prejuicios. Además, los azares de andanzas por otras tierras suelen traer a la mente más de un punto de comparación, y referencia…”

    De igual forma, el escritor Roberto Fernández Retamar expresó en una entrevista: “Suelo decir que las distintas ciudades no son sólo lugares, sino también tiempos: Nueva York, mis 17 años; México, mis 22; París, mis 25… La Habana, toda mi vida. Estoy fundido con esta ciudad que amo profundamente y encuentro muy bella, incluso ahora que está maltrecha. Su deterioro también me conmueve”.

    Otros le cantan, como aquella composición de José Antonio Quesada interpretada por Xiomara Laugart, entre otras voces, que dice:

    Hoy mi Habana viste lo mejor
    y más coqueta que una flor
    abre sus puertas y ventanas,
    ella se ha sentado en el balcón
    abanicando la ilusión
    de que esta noche sea amada.

    Otros le dedican versos como este fragmento del sencillo y hermoso poema escrito por Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí:

    La Habana es una ventana
    al mar. Canta en mis pulmones
    el aire azul de La Habana.

    Lejos de ella, suelo estar
    falto del aire preciso.
    Necesito el mar, mi mar

    Si tantas personas aman La Habana y desean lo mejor para ella, pienso que se debe volcar ese amor en acción, en tratar de hacer lo que a cada cual le corresponda, desde su lugar, para así lograr esa ciudad soñada en la que todos queremos vivir. Porque destruir es más fácil que construir, y criticar es más fácil que crear.

    Porque como también dijo Eusebio Leal, en ocasión del 490 aniversario de la ciudad: “Como suele pasar en las celebraciones o en los cumpleaños, hay dos tipos de personas, los que se acuerdan solo de ese día y los que se acuerdan de todos los días; nosotros somos guardianes del patrimonio cultural, esa es nuestra tarea, de un patrimonio material e inmaterial, que es de hueso, piedra y también espíritu, para eso trabajamos todos los días”.

    Referencias

    Sitio Web de Habana radio (www.habanaradio.cu)
    Cuidemos lo que la nación hace. Por Eusebio Leal. Habana radio
    La Habana, orgullo nacional. Por Eusebio Leal. Habana radio
    Amar la ciudad: la verdadera razón de un homenaje. Por Eusebio Leal. Habana radio
    Roberto Fernández Retamar: Oda a La Habana. Por: Magda Resik Aguirre. Opus Habana
    La Habana vista por un turista cubano. Por: Miralys Sánchez Pupo
    Guía Turística de la Arquitectura de La Habana
    Enciclopedia cubana EcuRed
    Enciclopedia libre Wikipedia

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  2. avatargilberto

    es cierto, y tambien lo es la necesidad de poner coto legal a esta indisciplina,
    pero yo veo algo detras del telon, un texto no dicho, que hace que tantas personas hagan esto sin la conciencia de lo que hacen? y peor que hace que tantos sorteen y cambien de acera para evitar el mosquero y a otra cosa mariposa?
    donde esta para ir a limpiarlo sin leyes, el basurero de la conciencia social, de la etica colectiva que yo vi en tanta gente devaluarse, cuando tantos piensan que su casa es el espacio que se define por algunas paredes y de una puerta hacia adentro
    que resorte activaria la conciencia de que la ciudad es un escenario tan propio como la mismaccasa, esa conciencia que reune a vecinos de Paris o Coral Gables a discutir sobre la estetica de los proyectos que se construiran en sus vecindarios? en que rincon nace eso?
    la ley ayudara, pero igual que la de los cascos, mas de una vez se relaja, decae y luego vuelve.

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